Olarte

 

 

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Atraído por unas esculturas y unos cuadros, que desde la calle podían verse, entré, un día lejano ya, en el taller de Olarte. Si su pintura me impresionó hondamente, no menos huella me dejó él como persona. Creo no equivocarme al decir que pocos artistas hay en la actualidad tan amantes de su trabajo, tan sencillos y generosos en el trato, con tanta curiosidad por indagar e investigar, con una concepción tan humanista de la vida, tan celosos de su libertad como José Antonio Olarte.

Estos rasgos de su personalidad, presentes en sus esculturas y pinturas, provocan en el espectador un temblor emocional impregnado de ecos remotos, profundos, de la cultura humana.

Fuego, arena, piedra, hierro, barro, madera, pigmentos se convocan con gran energía, con gran fuerza, pero también con sutileza, en la hábil mano de J.A. Olarte.

Con estos materiales moldea sus ideas, plasma su obra a través de un discurso personal y coherente: el paso del tiempo -presente en sus óxidos- ; el esfuerzo y el trabajo físico por doblegar la materia -presente en sus atmósferas-; la búsqueda de salidas ante las distintas encrucijadas -como puede apreciarse en sus esculturas, por ejemplo en "Desarrollo sostenible"-; las citas pictóricas y literarias -homenajes a Brancusi, Ovidio, Berceo...-; los espacios monacales, cultos y eruditos, proyectados hacia nuestro tiempo- en obras como "Suso".

En su temática hay un interés de reconciliación del hombre con sus orígenes y con su entorno cotidiano, con las cosas bien hechas y con la búsqueda del orden en su personal visión del mundo. Pero esta reconciliación no es gratuita para Olarte. Por un lado conlleva reflexión, indagación, estudio, esfuerzo para extraer aquellos rasgos definitorios que expresen sus ideas. Por otro lado, a Olarte le interesa el cómo resolverlas técnica y plásticamente.

En este sentido, el constante análisis que de su temática hace, le lleva a depurarla al máximo, a eliminar lo accesorio, los adornos, lo superfluo; a ofrecernos lo esencial, forjando una poética de su obra con un lenguaje sintético, geométrico, sobrio en el color, equilibrado, bellísimo.

Olarte participa de la idea picassiana que entiende la escultura como "la proyección en el espacio de un cuadro"; pero no se conforma con eso, va más allá, hace el recorrido inverso: la pintura como escultura en el lienzo.

Contemplar su obra es una invitación al diálogo y al goce estético.

Juan J. Pascual Martínez-Portillo

Profesor de Literatura

 

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Contacto: José Antonio Olarte